“Si algo no es perfecto, se arregla”

Entrevista con Juanjo Aparicio, Dr. de la Clínica estética Silfid

¿Por qué has elegido esta profesión, y cómo fue el inicio del recorrido?

En mi elección influenciaron mucho mis dos carreras: Bellas Artes y Medicina. Estaba rodeado de médicos todos los días, y al terminar los estudios tenía que escoger una especialidad dentro del mundo la cirugía que me apasionada. La variante más artística que veía dentro de éste era la cirugía plástica que consiste en mirar todo de manera tridimensional y cambiar las estructuras de una persona para conseguir un objetivo.

¿Te consideras cirujano plástico por vocación?

No creo que la profesión de cirujano plástico sea por vocación. Es el carácter y el afán de perfeccionamiento que te lleva a serlo. Hay muchas cirugías que no tienen el mismo nivel de exigencia como la plástica, la estética y la reconstructiva, que, de hecho, son totalmente distintas.

¿Siempre estética es también salud?

Siempre estética es salud, siempre cirugía es salud y siempre medicina es salud. Pero no es que la estética busque la salud, sino que hay una relación inversa: todo parte de la salud y luego se deriva hacia la estética. Yo a mis pacientes primero pregunto lo que les preocupa y luego digo lo que necesitan, lo que les hará sentir bien y no aquello que quieren oír. Si una persona, por muy bien que se vea, al final no se siente bien, es un fracaso. Por ello, primero, la salud, y luego, la estética.

¿Qué motiva a las personas a acudir a ti?

En particular, a mis consultas la gente acude porque se siente acogida, respaldada y cuidada. Tratamos a cada uno como si fuera de la familia y le ofrecemos un resultado excelente de lo que se vaya a operar. Quizás, suene algo pretencioso, pero mi consulta está llena, y todos se sienten felices sabiendo que lo que se le va a dar no es porque se lo quiera vender.

¿Tu profesión tiene mucho que ver con cánones de belleza?

Según los modelos del momento, el concepto de belleza va cambiando. Aquello que era considerado bonito hace 30 años, hoy en día, está desfasado y nadie lo quiere. Por ejemplo, la rinoplastia de la Duquesa de Alba o de Michael Jackson es ahora inaceptable. Pero no olvidemos de las necesidades del paciente y de lo que le va a venir bien. La salud es por encima de todo.

¿Hay diferencias entre los pacientes de distintas nacionalidades?

Por supuesto. En la consulta no tenemos la receta del café para todos y cada trabajo es totalmente personal. Establecemos una relación cercana para valorar a cada persona en su conjunto global, y a veces su opinión es opuesta a la nuestra, dado que el paciente había escuchado algo y lo repite sin saber seguir su propio canon de belleza.

¿Cuáles son las mayores preocupaciones estéticas en la sociedad?

La estética gira mucho alrededor de los medios de comunicación (prensa, TV, famosos), y las preocupaciones se van actualizando. Por una parte, hay cierta tendencia a copiar lo que se hace en otros lugares, así muchas han seguido el ejemplo de Angelina Jolie. Por otra parte, hay la siempre constante de no querer envejecer, no ver signos del envejecimiento y corregir ciertas partes del cuerpo que no van acorde con el resto.

En la medicina estética pasa igual: las chicas jóvenes quieren tener unos labios llamativos, porque están de moda, pero no todas se preocupan por la etapa de naturalidad y el aspecto más estético y correcto para ellas.

¿Son siempre operaciones para subir autoestima?

No siempre, y no es el motivo principal, pero resulta que siempre suben autoestima. Hago mucho la cirugía reconstructiva, donde quitarse el problema de cáncer no significa subir autoestima, sino salvar la salud.

¿De las muchas técnicas y muchos tratamientos actuales cuáles te parecen unos avances fundamentales?

Cada año hay un tratamiento revolucionario, cada año la industria farmacéutica lanza algo nuevo. Hay cosas que están marcando tendencia, como el alejarnos del uso de prótesis o de rellenos sintéticos a favor de la propia grasa del paciente. Y al revés, puede salir un láser que es una maravilla, pero con el tiempo no lo demuestra. No hay nada que sea tan revolucionario; creo que las cosas se han perfeccionado muchísimo y lo que ha cambiado de verdad en este campo es el afán de seguridad y de médico constante.

¿Hay muchos pacientes varones?

No hay tantos: son un tercio en la medicina estética, siendo las mujeres pacientes habituales, en la cirugía estética inclusive.

¿Cuál es el aporte de la medicina estética a la sociedad?

En cirugía reconstructiva damos la opción de recobrar lo perdido, reconstruir la funcionalidad y la vida familiar y personal tal como se percibía antes de lo sucedido.

En medicina y cirugía estética aportamos un valor añadido a la persona que busca la perfección dentro de sus posibilidades y su propia anatomía.

Eso sí luego impacta en la sociedad, la persona y su núcleo en términos de los cánones de belleza.

¿Qué os diferencia de los competentes?

Para empezar, cuento con un equipo de gente que trabaja con la misma idea de que la verdad es la manera de trabajar y está por encima de cualquier dinero, historias y cuentos. Tenemos una filosofía muy proreconstructiva, prosalud y probienestar.

¿Los tratamientos van liados con la nutrición?

En nuestra unidad tenemos un conjunto de profesionales que trabajan coordinados. Una persona puede no necesitar cirugía estética, sino una dieta especial adecuada a su forma de vida. Desde Valencia hasta Alicante, resolvemos cualquier problema del paciente, desde la visión global.

Entrevista realizada por David Keshabyan

Fotos: Rubén Gil

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