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Epigenética y el papel de la alimentación

Los cambios epigenéticos hacen que la dieta no solo tenga un impacto directo sobre nuestra salud, sino también sobre la de nuestros futuros hijos.

La epigenética estudia todos aquellos elementos, como las emociones, la gestión del estrés, los hábitos de vida o el entorno en el que vivimos, que son capaces de activar o desactivar determinados genes sin modificar por ello la secuencia de ADN.

La epigenética es una disciplina muy joven y todavía desconocemos muchos de los factores que intervienen, pero sí sabemos que la alimentación es uno de los más importantes. (Vicente Mera, responsable de la Unidad de Medicina Genómica y Envejecimiento Saludable de SHA Wellness Clinic)

Para entender mejor cómo la dieta interactúa con nuestro material genético, el doctor Mera pone un ejemplo práctico:

Los japoneses tienen una dieta muy saludable, pero también muy particular porque apenas ha sufrido variaciones a lo largo del tiempo. Esa es una de las razones, y no es ninguna coincidencia, de que Japón sea el país con la mayor esperanza de vida del mundo. Para entender cómo la alimentación transforma nuestros genes vamos a citar un estudio que se realizó con una comunidad de unos 5.000 japoneses que, una vez finalizada la Segunda Guerra Mundial, se quedó a vivir en Düsseldorf. Con el paso de los años, se fueron adaptando a su nuevo entorno y cambiaron tanto su modelo de nutrición como sus hábitos de vida. En la ciudad alemana no tenían acceso a los alimentos saludables que comían habitualmente en su país de origen, como la sopa de miso o el daikon, y los fueron sustituyendo por productos locales. El resultado fue que la segunda y la tercera generación de estos japoneses presentaban problemas de sobrepeso y su esperanza de vida había disminuido. Y es que, algunos de los cambios epigenéticos, positivos o negativos, se transmiten a la descendencia.

La composición corporal de cada uno está escrita en los genes, pero está en nuestra mano modificarla a través de la dieta.

Las personas con sobrepeso suelen provenir de familias con predisposición a la gordura. Pero esta tendencia genética se puede revertir con una nutrición saludable y equilibrada. De hecho, sabemos que hay determinados alimentos con un alto potencial de transformación epigenética y que pueden evitar procesos que aceleran la senescencia celular, como la oxidación y la glicación, o mejorar la autofagia.

Es muy llamativo que las generaciones anteriores, pese a no contar con la información ni el conocimiento de los que disponemos ahora, se alimentaban de manera más saludable que en la actualidad.

Hemos estropeado buena parte de la epigenética que nos transmitieron nuestros abuelos. Ellos consumían muchos productos frescos y la base de su alimentación era la dieta mediterránea, muy rica en fibra. En cambio, hoy en día, la mayoría abusa de la comida ultraprocesada, lo que está provocando un aumento de las personas con problemas digestivos o que desarrollan intolerancias alimentarias, como al gluten o a la lactosa. El gran problema de la sociedad del siglo XXI es que tenemos tantas cosas que hacer a lo largo de la jornada que apenas nos queda tiempo para pensar en la comida. Es más rápido meter en el microondas un plato precocinado que hacer un guiso de lentejas. Y esto acaba por repercutir en nuestra salud. Pero no podemos intentar vivir como se hacía antes porque el estilo de vida actual es completamente diferente. Por eso, hay que buscar un equilibrio, pensar a medio y largo plazo e intentar ir al mercado y cocinar en casa alimentos saludables y, a ser posible, de temporada. En definitiva, dedicarle tiempo a comer sano no es solo una filosofía de vida, sino también una inversión en nuestra salud y en la de nuestros futuros hijos.

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