La educación en casa gana adeptos en Rusia
Artyom Zhitenev / RIA Novosti

La educación en casa gana adeptos en Rusia


La educación en casa se hace cada vez más popular. RBTH explica por qué algunos padres evitan enviar a sus hijos al cole. ¿Hay desconfianza hacia las escuelas públicas?

Natalia Guerda, de San Petersburgo, tiene dos hijos que estudiaron en casa y se examinaron en escuelas privadas. “En mi caso fue una decisión necesaria –cuenta Natalia–. En el último curso de educación infantil a mi hijo le diagnosticaron asma, los médicos me dijeron que era una dolencia psicosomática y me aconsejaron no llevarlo a la escuela y optar por la educación en casa. Más tarde me familiaricé con el tema y con el tiempo llegué a elaborar un método propio. Ahora soy una firme partidaria de la educación en casa, aunque soy consciente de que este método no es válido para todas las familias ni para todos los niños”. El principal defecto de la escuela convencional, según Natalia, es la gran cantidad de relaciones sociales aleatorias e innecesarias para el niño:

El niño sale del entorno natural de la familia y es obligado a pasar 11 años en sociedad durante horas con extraños

Diversidad de metodologías

No existe un único programa de educación en casa. Hay tantas versiones como familias existen. Hay comunidades de padres que se organizan en grupos para educar a los niños, una idea más parecida a los grupos reducidos de las escuelas privadas, aunque muchos prefieren educar a sus hijos directamente en familia. Todos los niños educados en casa suelen estar matriculados en una escuela en la que se examinan para entrar en la universidad. Los sistemas de registro para los exámenes y el régimen de horario dependen de la escuela. La hija de Natalia estudió en la escuela privada Express, a la que debía acudir dos veces al mes para hacer exámenes orales y escritos de las distintas asignaturas. “Era algo más parecido a una conversación con el profesor que al típico control de escuela”, recuerda Natalia. Por lo general, las familias establecen un sistema mediante el cual el niño estudia las asignaturas que le interesan con un horario relativamente libre. La familia Chérsunov, que educó en casa a sus cuatro hijos, describe este orden del día: “Cada día comenzamos leyendo la Biblia y rezando, después repasan las asignaturas (de 2 a 3 horas), luego tienen un rato libre y acudimos al grupo de la iglesia, en el que practican deporte y estudian música”, comenta Danil Chérsunov.

“Queremos educar a nuestros hijos en la fe”

El caso de los Chérsunov es uno de los casos en los que los padres rechazan el sistema de educación estándar por motivos religiosos. “Nosotros somos creyentes y queremos educar a nuestros hijos en la fe, queremos aportarles cosas, no limitarnos a hacer con ellos los deberes –comenta Danil Chérsunov–. Su madre tiene la posibilidad de trabajar en casa y educar ella misma a los niños”. Además, los Chérsunov quieren enseñar una profesión para que estos sean capaces, antes de entrar en la universidad, de ganarse la vida por ellos mismos “y no tener que repartir folletos en el metro para ganar dinero”, según afirman los padres. Natalia Guerda comenta una situación análoga: hacia el final de su 11º curso, su hijo sabe programar en varias lenguas y se dedica al desarrollo de webs, algo que difícilmente podría haber conseguido si su madre lo hubiera llevado a una escuela convencional.

Críticas al sistema educativo

Muchos partidarios convencidos de la formación en casa aseguran que las escuelas rusas actualmente no educan a los niños. La formación en casa está estrechamente ligada con la educación, asegura Natalia Guerda. “La escuela soviética de los años 50 y 60 era la mejor del mundo debido a su sistema educativo –explica–. Nuestra escuela se preocupaba por educar a un nuevo tipo de personas”. Ahora, según ella, la escuela solo se preocupa de los puntos que se obtienen en los exámenes. El matrimonio Chérsunov opina que “la escuela enseña a los niños a acomodarse y a ser oportunistas, y desarrolla cualidades destructivas en su carácter”. Prácticamente no existen familias partidarias de un rechazo radical de la educación. Entre los casos de niños educados en casa existe un porcentaje de fracaso escolar, pero este porcentaje no es superior al de la escuela en la que están matriculados.

Pros y contras de la educación en casa

Según un estudio de la fundación Opinión Pública, un 8 % de los encuestados apoya la idea de que los niños reciban educación exclusivamente en casa (un 15 % de los ciudadanos de Moscú). Resultó que los más partidarios de educar a sus hijos en casa son los padres de mayor edad, de entre 50 y 60 años. Entre las ventajas de este sistema figuran un enfoque más individual y la comodidad psicológica.

Pero no todos los padres están dispuestos a dar este paso, ya que los participantes de la encuesta temen que el niño pierda habilidades sociales. Además, debido a la crisis económica de los últimos años, la vuelta a clase se ha vuelto más cara: según reconocen los padres, su coste se ha duplicado. Los niños a los que más cuesta mantener son los pequeños: entre los 8 y los 12 años crecen rápidamente y necesitan renovar el vestuario constantemente.

Las familias que más gastan son las que preparan a su hijo para el primer curso. Evguenia Dashevskaya, de San Petersburgo, ha gastado 35.000 rublos (483 euros) en las compras de su hija para empezar en primero este año. “Es casi todo mi salario — comenta Evguenia —. Y todo ello teniendo en cuenta que los libros nos los dan”. Entre otros gastos importantes figuran las mochilas que cuestan por lo general más de 3.000 rublos (42 euros) y el material escolar. Solo en cuadernos se gasta una media de 2.500 rublos (35 euros).

Anastasía Semenóvich
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