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¿Por qué volvería al restaurante Xarel·lo?

Con este artículo quiero iniciar un capítulo de comentarios sobre restaurantes que relatan mi experiencia y que, a partir de ahora, voy a anteceder con ¿Por qué volvería a…?

Hoy en día, la oferta en restauración es muy amplia y las veces que podemos visitar un restaurante, según nuestra economía, no son tantas como restaurantes, por lo que es difícil repetir el mismo. No obstante, conozco mucha gente que repite determinados restaurantes. Porque le gusta la cocina que tienen. Porque tienen un servicio amable y correcto. Porque tienen un local con un interiorismo agradable. Porque la relación precio-calidad es la que se espera. Porque tienen un plato especial que siempre se pide. En resumen, porque la experiencia que se lleva es tan agradable que la gente desea repetir. Y como son pocas las oportunidades, no quiere arriesgarse. A veces, tantas veces va que acaba siendo amigos del cocinero o del dueño. ¿No os ocurre?

Hay quien dice que, si la experiencia ha sido muy buena, no hay que repetirla por temor a que la siguiente no sea por lo menos similar a la que tuvimos. Sobre todo, con determinado plato, por si la siguiente vez que vamos no les sale igual de bueno que la anterior. Esto suele ocurrir con los arroces. Cuando me dicen de recomendar un restaurante para arroces, suelo recomendar un restaurante, su arroz en especial y suelo añadir que todas las veces que he ido siempre estuvo igual de bueno. Uno de ellos que se han constituido como los arroces de mi memoria y me sirven para comparar cada uno que pruebo en otros sitios es el que degusté en el restaurante Xarel·lo ubicado en el centro de Alicante.

El restaurante Xarel·lo toma el nombre de xarel·lo, que es una uva blanca española siendo, junto a la macabeo y la parellada, una de las tres variedades tradicionales utilizadas para elaborar el cava. En el logo del restaurante añade “Arroces y +”. Quizás es un nombre algo complejo, pero ya nos indican su especialidad.

El restaurante es de reciente apertura, pero no lo es la dedicación de su propietaria y jefa de cocina Adriana Teresinha. Tampoco lo es del “diseñador” del menú, Ruperto Soriano, de Petrer, que también regenta el restaurante Muelle 11, en el puerto pesquero de poniente en Alicante.

El local tiene un interiorismo moderno, agradable y está precedido por una zona al exterior, que hace las veces de terraza. La iluminación, aunque cálida, tiene luces azuladas que desvirtúan las fotos que los foodies quieran hacer de los platos, porque te salen con tonos azules.

La carta, en el capítulo de entrantes en los que incluyo ensaladas, se denomina “Canapés”, con pan de brioche, muy de moda ahora, y es muy amplia. Esta amplitud responde a la diversidad del comensal y al horario que puede ser tanto comidas o cenas donde, por los menos, un alicantino nunca pediría un arroz por la noche.

En segundos o principales ofrecen la posibilidad de carnes, pescados, por supuesto, arroces y algunos platos interesantes por encargo, como caldereta de gallineta, de bogavante, de langosta o una zarzuela de pescados y mariscos, que en otro lado denominarían “bullabesa” o “suquet”, esta última más de por aquí.

La carta de vinos es algo más comedida y contiene una muestra de diferentes D.O. incluyendo Penedés con la xarel·lo y algún vino de la alicantina.

Nos dejamos aconsejar por lo que la dueña o el maître nos indique, con alguna aportación nuestra.

Con especial sugerencia probamos “Buñuelos de bacalao con reducción de piquillo”. Excelente y muy cremosa la brandada de bacalao que sirve de base para hacerlos y el rebozo. Los acompañan de una salsa de piquillo y unos germinados.

También el “Tataki de atún rojo” recubierto con semillas de sésamo y también acompañado de germinados de soja.

Por elección nuestra, la “Ensaladilla de alcachofa” que quería comparar con la de otro lugar donde suelo pedirla. Ésta la supera. La presentan con una teja crujiente.

Otro plato que también quería comparar a los muchos otros que he probado es el aquí denominado “Steak tartar con sus encurtidos y biscuit glacé de mostaza vieja Dijon”. Se acompaña también de un crujiente colocado en vertical. Básicamente es una reinterpretación del steak tartar que en la forma clásica se preparaba delante del comensal y que hoy, en algunos restaurantes, se ha vuelto a recuperar.

Y llega el plato estrella. Cuando pedimos recomendación sobre qué arroz probar de los diez que hay en carta (en mi opinión, muchos, pero nos dicen que se la juegan en todos), eligen el “Arroz de rape y setas (boletus). Es un arroz entre meloso y caldoso. De fondo, denso en gusto y muy ligado. Con un arroz bomba D.O. Valencia. El boletus que representa la tierra está magníficamente combinado con los sabores de mar. ¡Excepcional!

Aunque después de este arroz, que queda para mi memoria, no deberíamos probar nada más, elegimos unos segundos: “Lomos de bacalao desalado al pil-pil”, excepcional el bacalao, de suaves lascas y el pil-pil reinterpretado; “Lagarto de ibérico osmotizado con wasabi, kimchi y yakitori”. El lagarto es la pieza cárnica adosada entre el espinazo y el lomo del cerdo, no el reptil que en lugares como Extremadura se puede comer. Guiños a la cocina de fusión.

Finalmente, dos postres. Primero, un casero y crujiente “Milhojas”. Nada que envidiar a otros que he probado. Segundo, el muy conocido “Coulant de chocolate” que inventara Michel Bras.

Está muy claro por qué volvería a Xarel·lo y por qué, a partir de ahora, lo recomendaría. Volvería a probar los buñuelos y, sobre todo, cualquiera de los arroces por los que se la jugarían. A repetir el memorable “Arroz de rape y setas”. Y seguro que a por cualquiera de los platos por encargo.

Antonio Marqueríe Tamayo. Crítico gastronómico

Calle del Tucumán, 4
03005 Alicante
+34 966 964 583
https://xarel-lo.negocio.site

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