Subir sin parar (O Simón en la era tecnológica)

Subir sin parar (O Simón en la era tecnológica)


No, mira, lo que sé es que se hartó y se fue. ¿Pero cómo? Pues eso, que se hartó y se fue. ¿Pero a dónde ha ido? Nada, comenzó a subir y subir, y siguió subiendo. ¿Y? ¡Pues imagínate! ¿Que me imagine qué? ¿Qué él te gusta, Sofía? ¡Qué tonto eres, Marco! No, que te imagines cómo siguió subiendo y subiendo y diciendo que todo era una locura -a lo de aquí abajo se refería, no a lo de subir sin parar. ¿Y ya está? ¿Cómo va a estar, si no para de subir? ¿Y entonces? Y entonces, que ahí donde tú lo ves, sigue subiendo, y tan contento. Dice que todo desde arriba se ve tan clarito y tan chiquitito, que no te enteras ni de las putaditas esas que antes tanto te molestaban. Dice que la sensación es increíble. ¿Y qué va a hacer? Pues dice que lo tiene claro, que de bajar otra vez ni de broma. Que todo lo más, deja de subir, porque a una cierta altura, le falta un poco el oxígeno, y es un tanto incómodo, y a la vez un tanto similar a cuando estaba por aquí abajo y también le faltaba el oxígeno. Pero que si no fuera por lo del oxígeno, y que no es que él se ponga en plan científico, ni nada, y que de hecho no lo entiende muy bien, sino que realmente se da cuenta que le falta oxígeno, porque le cuesta respirar, así de simple, que si no fuera por lo del oxígeno, – repite, – seguiría subiendo sin parar. ¿Pero de dónde se ha sacado Juan esto de subir? Dice que muy claro no lo tiene, pero que simplemente pensara en lo siguiente para ver si yo no pensaba que seguramente él tenía razón: Dice que es tanto lo que se puede subir, y si no, me invita a que mire para arriba, que le parece una tontería seguir moviéndose como en horizontal, como de un trabajo a otro, de esta calle a esta otra, quizás de una ciudad a otra, y así… Me fue dando una larga explicación, aunque con lo que me quedé es con que lo de horizontal a secas está out. Así de claro. Pues Sofía, que también tengas claro que no quiero que te invite a nada. ¡Calla anda, que no es lo que tú te piensas! Le dije que quizás se le había quebrado el horizonte. Claro, se lo quebraste tú. ¿Pero Marco es que no te vas a callar? ¡Para qué le dije nada! Ni hablar, – dijo Juan, – Eso, quizás, me hubiese ocurrido antes. Ahora lo que pasa es que los horizontes se suceden, y por mucho que tengas un horizonte a la vista, sabes que no marca el fin, y remotamente intuyes que más allá hay otro horizonte. ¿Y dices que Juan no quería ponerse en plan científico? Un poco vacilón el chico, ¿no? ¡Oye, contigo no hay manera de contar nada! Hay zonas, – continuaba Juan, – donde la materia se comprime hasta ocupar una región inimaginablemente pequeña o singular, cuya densidad en su interior resulta infinita. Es decir, que todo aquello que cae dentro de lo que se llama el horizonte de sucesos es tragado, devorado por un punto que podríamos denominar “sin retorno”, y ésto es tan así que ni la luz puede escapar a este fenómeno celeste. Como tú, niña, que no puedes escapar de mí. ¿Por qué siempre que te quiero contar algo serio sales con tonterías? Sofía, anda, dame un poquito y no seas tan seriota. Si eso de lo que hablas se llama efecto atrapadora que es el efecto que nos produces tú con ese punto tan tuyo. Tan simple como éso. ¡Marco, déjame terminar de una vez! Te decía que no puede escapar porque la fuerza de la gravedad es tan grande que ni siquiera la luz con toda su velocidad lo consigue. Y ya sabes que, según la Teoría de la Relatividad, como nada puede viajar a una velocidad mayor que la de la luz, por mucho que ésta intente contrarrestar la fuerza de esa inmensa gravedad, ni ella, ni nada, puede escapar. ¡Joder con la gran escapada de Juanito! ¡Vaya trance que se ha pillado! Me recuerda a lo de Simón en el Desierto en lo alto de la torre, que parecía de otro mundo. ¿Te acuerdas? Sólo que lo de Juan es más radical change, o mejor singular change puesto más científicamente aún, lo que viene a ser que nos vamos a poner como motos. No pongas esa carita, Marco, que ya sé que no te has enterado. No te creas, que yo me entero de todo, aunque te lo esté contando. No, Sofía, sabes, si algo he oído, lo que pasa es que entre que no sé inglés y que la cosa tiene su cosa, pues me entero a medias. ¿A lo del singular te refieres, Marco? Mujer, lo del inglés es una bromita para ver si te relajas. Como su propia palabra indica, eso significa “singular”, ya me entero. Pero no es, Marco, el singular al que estás acostumbrado. Básicamente es que va a haber en los próximos años una explosión de inteligencia tal, que nos vamos a quedar tan diminutos como esas hormiguitas que no sabemos si pisar o no cuando se cruzan en nuestro camino. Lo llaman singularidad tecnológica. ¡Habló la lista! ¿Va a haber tanta inteligencia a nuestro alrededor que ni siquiera me voy a enterar de que me la pegas con Juan, y tienes encima las narices de querer que compre toda esta mierda singular? Marco, piensa lo que quieras, lo que pasó, pasó, y ahora estamos en otra película. Yo sólo te quiero terminar de contar esto. Tú piensa en todo lo que ha ocurrido desde el primer ferrocarril hasta el ordenador, apenas un siglo, y a partir del ordenador, pues va todo que zumba. ¿No crees? Sí, zumba. Y sí que está místico todo esto, Sofía, pues mira lo que he gugueleado mientras te enrollabas un poquito. Robert Anton Wilson denominó “Fenómeno de Jesús Saltador” al patrón hiperbólico (más que exponencial) al que responde la ingente e increíble cantidad de conocimiento e información que recibimos todos hoy en día. ¡No te pierdas al Cristo!

Subir sin parar
Fuente: http://bit.ly/1jynzqG

Al parecer Wilson creó la unidad de medida “un Jesús” (1j) para agrupar en ella a todos los hechos científicos conocidos en el año 1 d. C., y estimó que le llevó a la humanidad entre 40.000 a 100.000 años llegar a “Un Jesús”. Cada duplicación requirió un período de tiempo mucho más corto. Así, la primera duplicación Dos Jesús (2j) llevó 1500 años, por lo que se produjo en el apogeo del Renacimiento. Para llegar al Cuarto Jesús (4j) sólo bastaron 250 años, teniendo lugar por el 1750. Ciento cincuenta años transcurrieron antes de llegar al 8j allá por el 1900. El Jesús 16j se alcanzó en cincuenta años en 1950, el 32j en diez años en 1960, el 64j en tan solo siete años en los locos sesenta en torno a 1967, y el 128j en tan solo seis años en 1973 en plena crisis del petróleo… Para el 2000 se calculaba que la información se duplicaba 2 veces en un año. ¿Eres tú, Marco, el que te has enrollado un poquito ahora, no? ¿Pero tía, a ti qué te pasa? ¿Solo tú puedes dar el chaping? Te recuerdo que has empezado tú con lo de Juanito. ¡Pero si te encanta Marco que me enrolle con mis historias! ¡Anda Sofía, déjalo! ¿Pero cómo lo voy a dejar? ¿Te das cuenta de lo que estamos hablando? A lo mejor va a llegar un momento en que las máquinas lo controlen todo, y que tú y yo no tengamos más sentido. ¿Así que para qué pelearse o hacer nada? ¿Niña, no vas a parar nunca? Entras en tu ritmo terabólico de razonamiento y no hay quien te siga. ¿Te imaginas, Marco, lo que será el futuro? Hay quienes piensan que las tecnologías nos superarán y que los robots creados por nosotros infinitamente más inteligentes, nos gobernarán y controlarán como a niños traviesos. Juan es un adelantado, un pionero ¿y si no cómo explicas que el tipo coja, y hala, se pire, empiece a subir, y no pare? Yo, desde luego, no tengo ni las agallas, ni sabría cómo hacerlo. ¡Basta! Se acabó, querida. Estoy de la historia de tu Juan hasta el gorro. ¡Que suba todo lo que quiera, que se singularice, que tú hagas lo que se te antoje, que yo de momento tengo por lo que preocuparme! ¿Sabes lo que tengo? Es un HH, científicamente conocido como Horizonte de Hipoteca. Vulgarmente lo llamamos PH, Puta Hipoteca, y el efecto que tiene es que en vez de subir, me hace bajar a toda velocidad. Así que lo que yo creo es que lo mejor será que tú subas, y yo baje. ¿Pero Marco…? Pero nada, Sofía. Que tú para arriba, y yo para abajo. Me voy a por hielo para la fiesta que seguro que todavía algún alumbrado creerá que se lo va a traer el Cristo. (i)

José Félix Valdivieso. Director de Comunicación. IE Business School


(i)

– Robert Anton Wilson: http://bit.ly/bY92eA
– La singularidad: http://bit.ly/cUyf0Q
– ¿Qué relación existe entre Jesús y el crecimiento de la información?: http://bit.ly/1hbleoM (Consulta: 05/2011)


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